
Capítulo XII
La imposición de Jorge Carlos Hurtado era el clímax de otra elección fraudulenta. El aprendizaje de cómo se despojó a Layda Sansores de la gubernatura se aplicaría ahora a Juan Carlos del Río y la misma Layda sería esta vez la esquirol para arrebatarle el triunfo al PAN.
Antonio y Jorge Luis lo tenían claro: si ganaba la oposición saldrían a relucir todos los fraudes, los desvíos y todo el dinero que sirvió para limpiar las cuentas del Arquitecto a punto de los embargos; los negocios con Yussuf Amdani, las cuentas infladas del malecón y toda la pudredumbre de los tratos con Alberto Arceo Corcuera.
Ahora le tocaba a Jorge Carlos sólo dejar pasar el tiempo. Que todo prescribiera y él trataría de hacer algo aunque ya se sabía que era un inepto, un tipo sin liderazgo y menos con la inteligencia para administrar un estado. Era lo de menos, Jorge Carlos sólo permitiría que siguiera el saqueo y por ello dejó en el cargo a Chano Pérez y maniatado le pusieron a su alrededor a todos los operadores de Antonio y Jorge Luis: debía quedarle claro que sólo era un empleado.
Jorge Carlos firmó todo antes de entrar. Se comprometió a dejarles la mano ancha, a Jorge Luis seguir gobernando y a Antonio hacerse inmensamente rico porque, era tan pobre, que sólo aspiraba a dinero para comprar respeto, pero nunca lo logró.
Jorge Carlos tenía claro que el plan A era imponer a Jorge Luis y cumplirle su deseo de ser gobernador, pero también estaba claro que el plan B era imponer a Fernando y, por qué no, a Carlos Felipe Ortega, su verdadero amigo, su verdadero hermano.
Y mientras la elección de Jorge Carlos se diluía, los tribunales hacían lo suyo, Celina Castillo y Gonzalo Bojórquez limpiaban todo en el Instituto Electoral y Víctor Collí Borges le llevaba carretadas de dinero al magistrado federal electoral que dilucidaría el caso Campeche. Era único, hasta en Chez Fernando cenaron a la vista de todos y sin que nadie lo viera.
Jorge Carlos nunca gobernaría, Antonio nunca lograría respeto y Jorge Luis no sería gobernador, pero ¿qué importaba? Todos eran sus empleados, nadie los desobedecía, todos les daban gusto y por eso Fernando era el elegido, otro empleado más para seguir el saqueo, para mantener a Campeche estacando, para que nadie avance y todos los negocios sean sólo de ellos, como ha sido hasta ahora.
Antonio y Jorge Luis pueden convertirse en caciques, pero para hacerlo necesitan imponer a Fernando. El Purux sólo no puede ganar y por ello ven con pánico que “un vendedor de cochecitos” los puede aniquilar y enviar a prisión. ¿Quieres a los hermanos González Curi en prisión? No votes por Fernando Ortega y tu sola decisión servirá para que nunca más regresen al poder. Vota, pero no por el PRI.

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