
CAPITULO VI
Carlos Sales era el candidato oficial, era el amigo del presidente y desde Campeche el Clan Sansores-Arceo empezó a mover sus fichas. Antonio González Curi y su hermano Antonio pactaron. La decisión era clara: había que parar al único candidato que rompería con la pretensión de sostener un cacicazgo. Los seis años de Salomón los había marginado y era imposible correr el riesgo de otros seis años en la banca.
Layda Sansores inició la rebelión, primero exigió concesiones. Se las dieron. Volvió a pedir y le volvieron a dar, pero subir el IVA del 10 por ciento al 15 le resultó el pretexto excelente para la rebelión y como no le dieron la certeza de que ella sería la candidata, pues se fue del PRI.
Antonio y su hermano Jorge Luis se escondieron. Bajaron la cabeza y mientras el Arqui intentaba meter esquiroles al PAN, Antonio se refugiaba en el entonces secretario de Gobernación Emilio Chuayfet y, por si las dudas, se aliaba con Cruz Manuel Alfaro, el famoso “Cuxo” y cambiaba su estrategia con Salomón. Lo adulaba, se le metía y hablaba de su relación con sus cuñadas: ustedes son mi familia, les decía hipócrita.
Antonio y Jorge Luis tenían todo listo: si no era uno, sería el otro y para ello el Arqui usaba su cargo de presidente del Consejo Coordinador Empresarial desde 1995 y que ocuparía hasta 1997. Esa posición le permitía fingir que tenía el perfil para entrar al PAN y ser apoyado por los empresarios afines a ese partido. La traición no importaba, sólo llegar.
Pero a Ernesto Zedillo le importó más su persona. Layda ya había pactado con el PRD y si Sales era el candidato, la golpiza sería nacional por la presencia y trayectoria del político campechano radicado en el DF y decidieron por un candidato desconocido, uno cuyo perfil fuera muy local y al ser nominado, Antonio no dudo en traicionar a Layda y, para tratar frenarla, exhibió la cierta y comprobable corrupción de su padre, de los latrocinios desde el gobierno y no sólo la traicionó a ella sino también a quien lo apoyó para ser diputado federal, para ser alcalde y a escasos días de su nominación envió a su hermano a pactar con Alberto Arceo Corcuera a quien convirtió en el más caro socio y beneficiario y exigió una condición más que de inmediato le concedieron: hacer todo para encarcelar a Jorge Salomón y desprestigiar a su familia aunque se violara la ley, aunque significara una traición más. Una que cumplió con esmero.

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