jueves, 7 de mayo de 2009

Y ahora... El Fraude de los Hermanitos



Capitulo XI

Antonio González Curi pactó con su hermano Jorge Luis: Jorge Carlos Hurtado sería su sucesor, pero Fernando Ortega no estuvo de acuerdo. Antonio se lo había ofrecido, se lo había asegurado y el dos de noviembre se consumó la traición: sacrificaron al Purux.

Jorge Carlos Hurtado no lo creía.

Leía los desplegados y corrió a ver a Jorge Luis.

-Tú me dijiste que estaba todo arreglado, que yo soy el candidato, pero parece que Fernando no entiende, le decía a su promotor.

-Cálmate, ya lo decidimos. Tú vas, ahora Tony se encarga de bajar al “gordo”. Le vamos a dar el Ayuntamiento y luego la gubernatura, ya verás que sí acepta, le explicaba el arquitecto.

Y lo tranquilizaron. “El gordo” aceptó y bajó la cabeza, como lo haría después, cada vez que quiso escalar algo.

Antonio operó. Jorge Carlos no levantaba. Le gritaba, le ordenaba. Nada parecía agradarle del candidato de su hermano.

Le reclamaba a Jorge Luis y le decía: “ya lo ves Arqui, “huevitos” no levanta. Es un pendejo, te dije que era mal candidato”, se mofaba.

Y así era. Jorge Carlos nunca levantó, Fernando tampoco y vino la puerqueza: rellenaron urnas, les metieron 10 mil votos en Campeche y dejaron desnuda su vergüenza: los diputados tuvieron menos sufragios que el alcalde y el gobernador.

Antonio gritaba. Reclamaba. Gisela Ruback les decía: operan o se pierde y ella fue testigo del fraude, parte de la estrategia. Igual que hoy.

Jorge Carlos tenía que ganar para encubrir las puerquezas de Antonio, los negocios con Yussuf Amdani, con Alberto Arceo Corcuera y para limpiar el cochinero dejaron a Chano Pérez seis años más, con la esperanza de que siga con “El gordo”; dejaron a Carlos Felipe y lo mandaron al Congreso, para cerrar las evidencias y darle facilidades a Jorge Carlos para cerrar los expedientes y esperar la prescripción de los delitos.

El saqueo tenía que ocultarse y para ello se impulsó al mejor cómplice, al que menor futuro tenía y que les debería la consolidación de una vida de mediocridad que nunca tuvo futuro. Hoy, él era gobernador por ellos, por los dos hermanos que aspiraban a caciques, y para consolidarse intentan colocar en el cargo a otro empleado, otro mediocre que les debe su futuro y buena parte de su pasado. ¿Lo dejaremos seguir con el saqueo que ha provocado tanta pobreza y miseria? Creemos que no.

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