
CAPITULO III
Las traiciones entre los hermanos González Curi y sus apoyadores en los años 80 empezaron a hacerse evidentes al finalizar el gobierno de Abelardo Carrillo Zavala. Los dos se disputaban los cargos, los ascensos, pero la decisión ya estaba tomada para que el que el gobernador consideraba la mejor opción para sucederlo: el Arqui a pesar del enriquecimiento muy explicable de Jorge Luis: su mansión, sus negocios, todo lo que ya tenía y provocaba las envidias de Antonio. Sin embargo, el destino le jugó una mala pasada.
Alcalde de la capital, Jorge Luis vislumbraba su futuro: sería el gobernador. Su labor de convencer a Luz Alba Delgado de convencer a su esposo Abelardo de no permitir que llegara a la alcaldía Ramón Espínola fue todo un éxito.
Si Rocío es la primera dama del municipio, ¿cómo va a tratar a la primera dama del Estado? Para todos era evidente la manera déspota y poco gentil de la hermana de Alberto y Alvaro Arceo con la esposa del gobernador. El poder que les confirió Abelardo fue enorme: presidente del Tribunal Superior de Justicia, desde donde remodeló su hotel, y tres años antes presidente de la Gran Comisión del Congreso.
Su hermano Alberto era el empresario del periodismo más importante del momento gracias a la venta del periódico Tribuna por parte de Carlos Sansores Pérez a una de sus familias consentidas. Y el cuñado Ramón Espínola Toraya el constructor oficial y para ello tenían a González Curi en Obras Públicas: era todo para Ramón.
El Arqui había cultivado esa amistad, pero tuvo que traicionar para llegar a encumbrarse y eso le valió la exhibición de sus gustos homosexuales, de su preferencia por los chamaquitos de los que siempre se ha rodeado.
En su columna política publicada en Tribuna de Campeche, Alvaro Arceo Corcuera, señala la homosexualidad de González Curi y lo defenestra por su baja calidad humana. El argumento sólido venía precisamente de quien le dio la primera oportunidad política de su vida, de su carrera, la que lo llevó al PRI.
Para congraciarse con los Arceo, el alcalde González Curi, como haría después su hermano, llenaría de dinero la bolsa del periódico, entregaría la obra pública a Espínola y a su socio Carlos Lavalle Azar e iniciaría una serie de empresas para las que triangulaba los contratos, como hasta la fecha.
El Arqui crecía y crecía mientras Antonio sólo era el coordinador de Coplade y la burla de muchos de sus compañeros de gabinete. Su personalidad introvertida y quejumbrosa no le permitía relacionarse, no despegaba y por ello su labor prácticamente era de escritorio, de numeritos y estadísticas.
Encarrerado para ser candidato a gobernador, el Arqui se relacionaba y se hizo muy cercano a Silvia Hernández, entonces influyente lideresa en el PRI nacional, quien lo promovía como su carta fuerte para Campeche. Eran los tiempos de Miguel de la Madrid, días en que se fortalecía Carlos Salinas como candidato y surgía el nombre de Jorge Salomón Azar García por sus relaciones con Luis Donaldo Colosio como uno de los aspirantes fuertes.
Los hermanos González no dudaron. Se aliaron con Alberto Arceo e iniciaron con Carrillo Zavala y su grupo una fuerte batida contra Azar. Temían que les repitieran la dosis de Rodríguez Barrera y de Echeverría Castellot: ser marginados. Por atrás golpeaban a Azar, pero Tony se acercaba más a su amigo el “Chango”, como le decía, y para ello Víctor Méndez era su aliado.
Antonio no se conformaba. Veía a su hermano e inició una serie de acciones políticas para ser considerado como candidato. Se movía, se rebelaba y se atrevería a todo, incluso a pasar sobre su hermano…

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