sábado, 11 de abril de 2009

El PRI no olvida. El Pri NO cambia

Se ha puesto de moda entre la clase política campechana el postularse -lo que es su legítimo derecho- a cargos de elección sin tener trabajo, base social, o sin mérito alguno de importancia que lo haga merecedor para un cargo. Primero fue el diputado priísta Alejandro Moreno que después de haber realizado un gris papel en la Cámara Federal, después de pasar dos años y medio en blanco, ahora se descubre merecedor a ser senador y en consecuencia inicia una intensa campaña propagandística.

Alejandro piensa que los campechanos son imbéciles y que le van a dar el voto sin importar que haya pasado por la Cámara de Diputados Federal de manera desapercibida, de otro forma no concibo que pretenda un nuevo cargo considerando que el que tiene no le sirvió de nada a los campechanos, el cargo sólo le sirvió a Alito para acumular una fortuna que nunca imaginó en sus tiempos de mandadero de los Selem.

Pero hablar de Alito es perder del tiempo, no tiene propuesta, no tiene trabajo que analizar, lo único que llama la atención es su cinismo y sus injustificadas pretensiones.

Sabe que Enrique Celorio le ganó a la buena y que finalmente Antonio González Curi, gobernador en ese entonces, traicionó a su partido, traicionó a Celorio para quedar bien con el suegro de Rafael Alcalá, Beto Arceo y evitar enojarlo y ocasionar que le vayan a perjudicar la vida como se lo hacen a todos los políticos que no se someten a sus caprichos, aunque tenemos que decir que ya sin mucho éxito y prueba de ello es que en el proceso pasado el PAN, teniendo en contra a todo el aparato informativo de los Arceo Corcuera, con una campaña asquerosa de denostación por poco tumban al PRI. Hoy creo que el PRI debería estar preocupado.

Mientras esto sucedía en el 2006, vemos que en este año los mismos protagonistas de aquel entonces siguen en el escenario priista campechano: los Gonzales Curi, que se aferran al poder y a su ambición desmedida, Alito, que no pasa de ser una opción mediocre y los Arce, con su hambre insaciable de dinero, poder, manipulación e hipocresía.

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